Lo aleatorio es así. Una se deja llevar por sus pasos para ir a los sitios de siempre, y variando extrañamente la ruta vuelve a encontrarse al muchacho desnudo en el balcón. Muchacho. Desnudo. El mismo. Otro balcón.
No es la primera vez.
Este día ella. Vaya. Esas cosas.
Este día ella. Vaya. Esas cosas.

Pues sí que es críptico... No el muchacho del balcón, sino el texto.
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